Hay una música que reconoces aunque jures que no la conoces. La has oído en un comercial, en una película, en la sala de espera del dentista. Son Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, y nunca las habías escuchado de verdad. Aquí suenan completas: la Primavera que arranca alerta, el Verano que aprieta, el Otoño que se afloja y el Invierno que tiembla en las cuerdas más graves.
En La Nueva Carpa Geodésica no hay bocina de por medio. Un ensamble de cuerdas y un violín solista tocan los cuatro conciertos a pocos metros de ti. Ves el arco morder la cuerda, oyes la madera respirar y sientes el zumbido del violín en el esternón. La acústica te mete dentro del ensamble, donde cada nota te llega al cuerpo antes que al oído.
Música barroca que no se admira de lejos: la tormenta del verano, el hielo que cruje en invierno, el primer pájaro de la primavera, todo en la piel. Una sola noche, formato concierto, a un brazo de distancia del violín. Por eso el flyer no miente: música que de verdad se siente.